Bautismo

¿Por qué bautizarse en el nombre de Jesucristo?

¿Por qué la Iglesia primitiva bautizó siempre en el nombre de Jesucristo? Descubre el fundamento bíblico del bautismo apostólico y su poder espiritual para el perdón de los pecados.

6 min de lecturaHechosDos38Artículo31 de agosto de 2026
¿Por qué bautizarse en el nombre de Jesucristo?

El bautismo en agua es uno de los mandamientos más solemnes y transformadores del evangelio, pues marca el momento en que una persona se identifica públicamente con la muerte, sepultura y resurrección del Señor. Sin embargo, al escudriñar las Sagradas Escrituras, surge una pregunta fundamental que trasciende la simple tradición: ¿cuál es la fórmula y el Nombre en el que debemos ser sumergidos? La respuesta bíblica no deja lugar a dudas, pues los apóstoles y la iglesia del primer siglo ejecutaron cada bautismo invocando exclusivamente el glorioso nombre de Jesucristo.

El mandamiento de Cristo y el entendimiento apostólico

Para comprender la práctica apostólica, debemos examinar la Gran Comisión dada por el Maestro. En Mateo 28:19, Jesús ordenó a sus discípulos ir y hacer discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el «nombre» (en singular) del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. La clave reveladora de este pasaje radica en que la palabra «nombre» no está en plural; no se refiere a títulos o cargos, sino a una única identidad divina.

Los apóstoles no repitieron una fórmula de títulos vacíos, sino que entendieron perfectamente la revelación: el Nombre supremo que manifiesta la plenitud de la Divinidad es Jesús. Como enseña Colosenses 2:9, en Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Por esta razón, el cumplimiento directo de Mateo 28:19 se encuentra explicado en Lucas 24:47, donde se declara que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.

«Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.» (Hechos 2:38)

El registro uniforme del libro de los Hechos

El libro de los Hechos de los Apóstoles es el registro histórico divinamente inspirado que muestra cómo la iglesia primitiva obedeció las instrucciones del Señor Jesús. En cada ocasión donde se describe un bautismo en el Nuevo Testamento, el nombre invocado fue invariablemente el de Jesucristo.

  • En Jerusalén: El día de Pentecostés, ante miles de judíos conmovidos, el apóstol Pedro inauguró la era de la iglesia proclamando el bautismo en el nombre de Jesucristo según Hechos 2:38. Aquellos que recibieron su palabra fueron bautizados ese mismo día conforme a Hechos 2:41.
  • En Samaria: Cuando Felipe predicó a los samaritanos el reino de Dios y el nombre de Jesucristo, ellos creyeron y fueron bautizados únicamente en el nombre de Jesús, tal como se registra en Hechos 8:12 y Hechos 8:16.
  • En Cesarea: Cuando el evangelio llegó a la casa del gentil Cornelio, Pedro mandó expresamente que fuesen bautizados en el nombre del Señor Jesús, testimonio registrado en Hechos 10:47-48.
  • En Éfeso: Cuando el apóstol Pablo halló a ciertos creyentes que solo conocían el bautismo de Juan el Bautista, les explicó la necesidad de creer en Jesús, y al oír esto, fueron rebautizados en el nombre del Señor Jesús conforme a Hechos 19:5.

Este testimonio histórico demuestra una verdad ineludible: en el Nuevo Testamento no existe un solo caso de bautismo realizado mencionando títulos sin el Nombre. La iglesia apostólica reconocía que no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos, principio inmutable expresado en Hechos 4:12.

El significado espiritual de invocar el Nombre

El bautismo por inmersión en el nombre de Jesucristo no es una mera formalidad litúrgica, sino un acto de obediencia con profundas implicaciones espirituales para la salvación del creyente.

1. El perdón y la remisión de los pecados

La Biblia enseña claramente que los pecados son lavados e imputados mediante el poder y la autoridad del Nombre. En Hechos 22:16, Ananías le dijo a Saulo de Tarso: «Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre». Sin la invocación del nombre salvador de Jesús, el acto carece de la autoridad que otorga el perdón redentor.

2. Identificación con la muerte y resurrección de Cristo

El bautismo representa una sepultura espiritual. En Romanos 6:3-4 se nos enseña que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte; somos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo, a fin de que andemos en novedad de vida. Solamente quien es sepultado en el nombre de Aquel que murió por nosotros puede participar de su gloriosa resurrección, verdad reiterada en Colosenses 2:11-12.

3. Revestirse de Cristo y pertenencia

Al ser sumergidos en el nombre de Jesucristo, entramos en una relación de pacto y propiedad con el Señor. Gálatas 3:27 declara que todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis vestidos. El Nombre sobre la vida del creyente sella su pertenencia al cuerpo de Cristo, cumpliendo con la verdad de Efesios 4:5 sobre un Señor, una fe y un bautismo.

«Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.» (Colosenses 3:17)

Todo debe hacerse en el nombre de Jesús

La exhortación de Colosenses 3:17 establece una regla de vida para todo cristiano: cualquier palabra o hecho debe realizarse en el nombre del Señor Jesús. Si oramos, predicamos, sanamos a los enfermos y expulsamos demonios en su nombre, con cuánta mayor razón el acto sagrado de la iniciación espiritual y la remisión de pecados debe llevar su glorioso Nombre.

El bautismo bíblico no es una opinión humana, sino el mandamiento divino registrado en las Escrituras. Como afirma 1 Pedro 3:21, el bautismo que corresponde a esto ahora nos salva, no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios, por la resurrección de Jesucristo.

Un llamado pastoral a la obediencia bíblica

Si has entregado tu vida al Señor mediante un arrepentimiento genuino de corazón, el siguiente paso ineludible en el orden de Dios es descender a las aguas bautismales. Si fuiste bautizado bajo fórmulas tradicionales que omitieron el nombre de Jesús, el ejemplo de los discípulos de Éfeso en Hechos 19:1-6 te anima a buscar la plenitud apostólica sin temor.

No postergues tu decisión de ser cubierto con el único Nombre que tiene poder para perdonar, limpiar y transformar. Busca hoy una congregación donde se predique la verdad de la Palabra de Dios y obedece con gozo el mensaje de Hechos 2:38, para que entres plenamente en la promesa del Espíritu Santo y camines en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Referencias bíblicas

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